domingo, 1 de enero de 2012

EXILIO INTERIOR


Uno de los días en que yo paseaba por los jardines del Belvedere en Viena hace ya muchos años.

Ella se siente extranjera en su tierra, incomprendida en su idioma, repudiada en su entrega, su voz no es reconocida, sus gestos pasan desapercibidos, sus gritos se ahogan ante una muchedumbre hierática, subió montañas imposibles en cuya cima finalmente sólo encontró “la nada”, decidió mirar al horizonte y escapar, pero encontró demasiados espacios sin acotar y lazos que daban tirones al alejarse, así que su única salida fue refugiarse dentro de su alma.

Afuera estaban los buenos pero también los malos, y la mediocridad, esa medianía anclada por doquier que minaba y frustraba sus dones.

Ante la melodía de los valses vieneses del concierto de Año Nuevo fue consciente de cómo sucedió todo… Ella había estado años antes en el Belvedere y se había tumbado sobre la hierba de sus jardines verdes, sentado en sus bancos de madera imperial recordando que acababa de contemplar "El beso" de Gustav Klimt. Cerró los ojos, soñó con vivir allí, hasta se imaginó el color de su bicicleta. Entonces miró de nuevo feliz al cielo gélido y turquesa de Viena pensando que nunca tendría que volver al Palacio bajo esas circunstancias y jamás de la mano de uno de sus fantasmas.

Habían pasado los años. El espectro le abrió la puerta de atrás y la reconoció al instante, le advirtió que ya estaba escrito en su libro y  la cogió de la mano, ella se dejó guiar cautiva ante lo inevitable y él la escondió en varias ocasiones tras las cortinas de los largos pasillos al paso de Ebenezer Scrooge. Y entonces todo pasó: justo cuando nadie miraba la encerró en la habitación blanca de hielo, cerró postigos y pestillos, la sentó en un sillón. Le obligó a taparse los oídos y le puso una venda blanca y fría en los ojos…”¿Y a quién escucharé y a quién veré?”-“Ahora sólo a ti”..

Ella no pudo responder, pero sintió un pequeño mareo, flotaba sobre el agua e iba esfumándose hacia el interior del lago en una barca rodeada de niebla, como si de una pintura de Waterhouse se tratara. Acababa de comenzar su Exilio. Auf wiedersehen meine Liebe!  Creyó escuchar en la lejanía.  

2 comentarios:

Sierra dijo...

Como siempre magnífica en la narración que sabe enganchar hasta el final!!Besos amiga

Anónimo dijo...

Sublime, cautivadora, envolvente como una espiral hipnótica.
Te acompaño en tus silencios, y me colaré entre las rendijas para darte un soplo de calor ante el frío que acecha.
Jorge,